Un libro casi anónimo, raro y excéntrico que fue editado por 1971, representaba aquellos años de Almendra, y con un sencillo toque de humor, arte y creatividad te adentra en el aura de la banda. Bastaron poco menos de tres años para que Almendra dejara una huella indeleble no sólo en la vida de Luis Alberto Spinetta sino también en los inicios de aquel movimiento de fines de los ’60 que navegaba entre la música beat y la psicodelia hippie, y que luego devino en lo que hoy llamamos rock argentino.
Fue corto el tiempo pero no es poco lo que quedó registrado de Almendra hacia la posteridad tanto en calidad como en cantidad. Dos álbumes fundamentales (uno de ellos doble) y unos cuantos simples: en total unos 36 temas, de los cuales casi una veintena se constituyen como eslabones fundamentales en la historia del género.
Otras canciones de esos primeros años no grabadas pero editadas posteriormente, como Canción para los días de la vida, Barro tal vez y Ella también, completan un corpus creativo que es punta de lanza para definir nada menos que un estilo spinettiano y que sirvió como fuente de inspiración a otras expresiones de la música de nuestro país.
Con menos suerte, Spinetta probó la realización de una ópera rock, que resultó trunca, y -como parte de un intento por ampliar las fronteras expresivas-, la edición de un libro sobre el grupo, una miscelánea artística que resultó casi un juego divagante.
Fue así: en 1971, Carlos Marcucci, escritor, humorista y publicista que frecuentaba a los hippies del momento, editó este curioso libro con imágenes, dibujos y textos que tuvo escasa repercusión, sobre todo porque al momento de la publicación Almendra ya prácticamente no existía como conjunto. Luis entraba en una época oscura de su juventud, en la que empezó a frecuentar a la gente del sello Mandioca y a los integrantes de La Pesada del Rock.
Aquel libro no fue más que una recopilación de unas 60 páginas con textos delirantes y otros no tanto, letras de canciones, pequeños manifiestos, dibujos, historietas y abundantes fotos, donde participaron además de los cuatro Almendra, el mismo Marcucci, Caloi, Norma Bessouet, José Luis Perotta y otros personajes de la época.
Años después, Spinetta contó: “Ese libro fue una idea inicial de Marcucci, pero que básicamente a medida que se fue construyendo se fue autodeformando por la intervención de tipos como él. Como cómico lo admiraba, pero como poeta no le daba cinco de pelota.”
La publicación puede ser vista hoy como una rareza o una excentricidad, aunque representa el caos creativo que dominaba en los jóvenes de la época, y que tenía a la psicodelia y al hippismo (y en algunos casos al surrealismo) como plataformas de creación, y una actitud contracultural como impulso fundamental.
“Luis Alberto Spinetta, aunque no lo crean, nació. Hijo de padre y madre, no es como todos creen una pastilla de LSD, hipertrofiada y alargada, sino que es un ser casi humano; hasta está empadronado como nacido, amanecido y humanizado el 23 de enero de 1950. (…) Es flaco, un flaco aplastado por la “flaquez”. Alucinado, loco y heterogéneo, tiene sin embargo algunos rasgos de normalidad: le disgustan los uniformes, le disgusta la castidad, le disgusta la insinceridad, le disgustan los domingos. Por lo demás, como todo ‘loquito’, le gusta todo, absolutamente y sin restricciones”, escribe un alucinado Marcucci.



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